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viernes, 4 de marzo de 2011

Momento Momento Momento

Estoy escribiendo otras cosas de momento. En su momento se sabrá que es. Es que hay que aprovechar el momento.


"Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir. Lo que confieso no tiene importancia, pues nada tiene importancia. Hago paisajes con lo que siento. Hago fiestas de las sensaciones. Comprendo bien a las bordadoras gracias a la amargura, y a las que hacen punto de media porque hay vida. Mi tía vieja hacía solitarios durante lo infinito de la velada. Estas confesiones de sentir son solitarios míos. No los interpreto, como quien usase cartas para saber el destino. No los ausculto, porque en los solitarios las cartas no tienen propiamente valor. Me desenrollo como una madeja multicolor, o hago conmigo figuras de cordel, como las que se tejen entre los dedos estirados y se pasan de unos niños a otros. Sólo me preocupo de que el pulgar no estropee el lazo que le corresponde. Después, vuelvo la mano y la imagen resulta diferente. Y vuelvo a empezar."
Fernando Pessoa

jueves, 24 de febrero de 2011

Plegarias pal final del día

Cuando me canso pesco lo que encuentro y con las manos llenas salgo al jardín buscando al tordo que dejó abandonado el invierno. El tordo no tiene nada que andar haciendo aquí. La bandada voló al sur siguiendo el frío y solo en el jardín es el son que anda marcando el día. Cuando me canso pesco lo que encuentro y se lo llevo. Tiene las alas buenas, pero no vuela. Tiene el canto bueno, pero no canta. Tienes las plumas negras que resplandecen a la luz del sol. Me mira atento y miedoso con los ojitos negros y brillantes. Le llevo las manos llenas de frutas pa que coma y se haga fuerte. Al día siguiente el tordo sigue ahí, las plumas finas y azules bañadas del rocío. El tordo tiene pulgas. Cuando me canso pesco lo que encuentro y bañé al tordo en vinagre. Al día siguiente los bichos se le caen muertos. Cuando me canso pesco lo que encuentro, con las manos llenas le llevé notas de música pa que coma. Cuando me canso pesco lo que encuentro, con las manos llenas le paso miel pa que se endulce. Cuando me canso pesco lo que encuentro, con las manos llenas le paso agua con limón y menta pa que tome. El tordo come y come y al día siguiente ya se fue.

Cuando me canso pesco lo que encuentro. Hay una rata que un gato no se decide a comer. Juegan al gato y al ratón. Pero no pesco na'. De na' de na'. Cuando me canso pesco lo que encuentro, pelo una sandía y con la pulpa jugosa en las manos me baño pal calor, me baño pal calor. Cuando me canso pesco lo que encuentro y con las manos llenas le digo chao al día, le digo adiós, que sea lo que Dios quiera hacer con las manos llenas.

martes, 21 de diciembre de 2010

La Sagrada Contradicción

De la placenta, del universo creado por hombre y mujer, nace la raíz de toda contradicción. La vida, nace algo que va a morir, respira algo que dejará de hacerlo y late en sus venas la sangre caliente que se volverá azul y enfriará. Nace algo que cagará y creará belleza, algo que creará vida y matará, algo que amará y odiará. La placenta con sus pulmones y estrellas le dará vida a esa vida que algún día morirá y esa muerte será la llave de otras vidas que circularán en el mismo líquido universo dentro de una mujer que junto a un hombre han creado vida y ellos mismos algún día morirán. Es una solución y un problema al mismo tiempo, es una lucha constante por el estado de gracia inexistente que se plantea como Dios y Demonio. Letra D, cuatro, símbolo de poder, doble D, ocho, símbolo de crecimiento interno, la base del espíritu humano, sobre el que se crea, infinito e ilimitado sobre las mismas fronteras del hombre, el balance, la vibración. Dios y Demonio, los límites del mandala, donde la vida recién creada juega en la infinita contradicción, se mueve en la base de sus vibraciones para variar entre las contradicciones. El medio, la aguja que pasa entre los puntos extremos de un 8, no existe. Todo o nada, amor u odio y la humildad del nacimiento en el universo de la placenta, donde el mandala pierde la unidad de su círculo para ser irregular como una ameba, es el juego mismo de la vida y la muerte creando vida mortal, el hijo del mandala que vive dentro de sí hasta que deja de hacerlo y deja detrás el espectro colorido que cada vida crea para ella. Es un juego infinito, el mandala de cada vida, la creación de cada contradicción.

martes, 9 de noviembre de 2010

Chicago-Illinoise

En  Los Españoles 2744 de Santiago de Chile, evoco con mi nueva kalimba un recuerdo de hace meses y es entonces me doy cuenta de cómo no hay forma de notar lo que se ha vivido sino es con el tiempo suficiente para reflexionar de la experiencia. Una vez más me lamento del estilo de vida que escogí, tan poco contemplativo, que me convierte en una especie de grabadora de sucesos que deben reproducirse con tanta exactitud como imposibilidad: imposibilidad de demostrar la verdad a través de la grabadora subjetiva de nuestras mentes. Con la kalimba en las manos repaso las notas que no puedo reconocer hasta que una melodía parece más cercana a una canción concreta, una canción que de verdad existe. Entonces cae sobre mí el peso de una aventura increíble, una de esas que tanto soñaba con tener y que tuve sin darme cuenta, un deseo satisfecho que la ansiedad no me dejó saborear, y aparece frente a mí la carretera interminable de Norteamérica con todas las bellezas que viví. Lloro y agradezco la posibilidad sin hipocresías.
Estoy de nuevo ahí, en medio de esa nada sin ansiedades en la que disfruto el aire puro de un campo ajeno. Se parece en mucho a Chile, pero se respira diferente. Las amplias carreteras extrañan los cerros y los campos sembrados sin parar de viñas y frutas, es un camino a un sur diferente del lluvioso y de tupidos bosques desconocidos. Es otro bosque. Recuerdo la ciudad más linda en la que he estado y como aún siento la imagen de la memoria, no es una foto sino un movimiento vivo de asombro y felicidad y la canción que se convirtió en un himno de la tierra de las posibilidades: no es el sueño americano, es mi sueño hecho real, la conclusión e inicio de algo y la puerta abierta deja pasar el viento; soy y vivo lo que siempre quise ser.


Estoy y sigo ahí, puedo aún repasar la ciudad como si no la hubiese dejado, estoy y sigo ahí, todavía no llego completamente aunque vivo mi propia ciudad con felicidad. Estoy y sigo ahí en la forma que me llama a volver. La vitalidad está aquí conmigo, el cielo está acá, pero la capacidad de planear el futuro se fue al espacio lanzado por la felicidad del misterio y se disipó entre las estrellas. Que sea lo que sea, que la aventura siga, que sea lo que sea, hasta que la muerte me termine.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Adiós

Abierto su cuerpo de par en par, el alma celeste se despega de su ruta de casi cien años para comenzar una nueva. El ciclo termina, se renueva, la memoria perdura y se reinventa cuando se cuenta su historia. Que el alma se vaya con besos, que el cuerpo se quede en la tierra y las manos cosechen nuevas frutas que brinde la tierra renovada. La luz se ha ido, se ha ido la invención de nuevos relatos, queda el amor que nunca parte y los años compartidos con todo lo bueno y lo malo. Queda la belleza.
De tantas cosas que la propia vida se lleva, se inventa el propio porvenir. Inevitablemente mirando al futuro, nuestra proyección es la única capaz de significarnos como el segundo en que logramos respirar. Es sólo un segundo. Somos, y nada más. Dejamos de ser y se juntan las manos en el adiós.
Namaste!

martes, 2 de noviembre de 2010

Venían del sur

Venían del sur
las imágenes que esperaba venían del sur
y yo encogida entre los árboles
la veía.
Las voces, los llantos,
mis llantos,
venían del sur
y mis nubes iban a buscarme
y yo escondida las miré pasar,
pero las vi.
Venían del sur,
no había otra forma
de arrancar entre pétalos la verdad,
mi verdad,
mi sueño,
mi sol.
Venían del sur
y las tierras envueltas en su polvo
me llamaron nueva amiga
y las voces que mi sueño escuchó
me demandaron la luz
y la luz que de mi sale
necesita la caricia salina del desierto
para mojarse.
Venían del sur
los bosques verdaderos,
venían despiadadamente del sur
y los bebí
porque son míos.
En el fondo de las luces
no hay luz real
en el fondo del verde otro verde me quema,
que en la luz de las tinieblas
somos todos uno
y seguimos siendo uno bajo fuerzas
que no sé,
se mecen, están,
pero vinieron del sur las voces
y callada en el verde las escuché
y no se puede desaprender lo aprendido.
Venían del sur y fui,
mi luna venía de allá,
mis estrellas y vuelos.
La madera habla,
la madera grita fuerte y tira los hilos de plata
porque tenía que verlos otra vez
antes de morir de verdad.
Venían del sur
esos vientos que no son nada
ni son de nadie
pero son lo que somos y lo que soy.
Venían del sur los ojos tiernos
y tenía que mirarlos profundo en el negro carbón,
sentir la tierra otra vez.
Venía del sur ese incierto infinito
y como incierta es mi alma
volví a mi bosque vacío
para llenarlo todo otra vez
en la tierra donde nada
es nada.
Vuelvo a mi sur
a buscar el viento polar que me llevó
al lugar donde la tierra se lava de los ruidos de bocinas,
sirenas, crujidos, gritos, petardos, disparos,
al lugar puro donde el viento va a morir
y a nacer;
mi sur.

sábado, 30 de octubre de 2010

Summer trip

As the pavement goes by under the wheels we lay our heads back to the wind. In the front seat, the guys talk about the traffic or music or the werid things we see while we just enjoy the blues that blows wild from the speakers. The road we go and go with no restrictions or fear and all that we see is beautiful and funny in a way, because is not ours, but we sneack in anyway, to see whatever we may see and not see others that scape from our minds. Is just too much. But there is no anxiety, we are not trying to eat it all, we taste bite by bite the thing the road bring us. We do what the man told us to do with his big drugged eyes.

"Reality is something you have to taste".

viernes, 29 de octubre de 2010

Voces que escuché cuando soñaba en el año de la tormenta azul

Mi cabaña es de teja y madera, es una buena cabaña de madera y por tanto puede quemarse y puedo perderla, a pesar de que la ame. Cuando uno quiere a alguien le da un regalo y me alejo de lo que doy tanto como quién amo puede alejarse de mí. El desprendimiento es dejar ir las cosas que se van cuando estas se están yendo sin remedio, como la leña que se quema en la fogata. -Negro, susurro de un niño y fugaz visión de una fogata roja que ilumina una cabaña de madera.

La inocencia se muere, hay mucha información, mucho que aparentar. La inocencia se muere y la espontaneidad queda seca en un árbol viejo que es talado y lanzado al fuego. La inocencia se muere, se muere. Y acá dejando ir se lanza la vida que se murió bajo el peso de las caretas, revivida, nueva. Entonces inocencia vuelve y se hace una con el ser abandonado y se vuelve a reír de nuevo, con ganas. Es que siempre estuvo ahí. Cuando el árbol muere, la semilla queda.

viernes, 15 de octubre de 2010

El regalo

Subiendo por los vértices de un acantilado, las olas bajas levantan la bruma fresca, el alba mece la luz entre el viento y el agua y acá pegada en la tierra, respiro sus entrañas liberadas. Subo enterrando las uñas hasta el fondo de la misma carne de mi Pacha, miro al cielo, no tengo miedo. Arriba me siento y bebo de la vista que me tragó. Mi amor se esparce sobre la superficie del agua, llega hasta miles de mares y tierras, lo cubre todo y vuelve  desde el sur. Cierro los ojos, la observo y se hace pájaro que planea entre las paredes de cal de mi tierra y me hago sus plumas para ir con ella. Deja que me vaya, que me esparza y me amase, que se caigan plumas, que sangre el ave, que cierre sus ojos, respire su mar y no olvide jamás el escozor de la sal en las llagas recién abiertas. Que la libertad sea profunda y en la raíz misma de los corazones abiertos, la luz del cielo siempre brille.
Es mi acantilado, una cierta arista cubierta por la bruma, es mi acantilado, es la luz y el eterno azul, es mi amor que salta desde el borde muerto de la risa, son todas esas cosas que de pronto brillan y quedan como fotos viejas en la piel.
Al borde del acantilado las paredes se desmoronan. La luz de la mañana ya clara emerge naranja y fuerte mientas Inti, con su disco de oro fundido, transforma mi oro en suyo. El pájaro ha vuelto. Inti baja sus manos para abrigarme y me piensa. El amor del cielo siempre brillará.